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22 ago 2019
RAYANOS

El Gallo de Ferro

29 enero 2019

El Gallo de Ferro

La representatividad de una nación a través de un animal es algo tan común, e histórico, como, desde el siglo pasado, lo es para los equipos de fútbol

La representatividad de una nación a través de un animal es algo tan común, e histórico, como, desde el siglo pasado, lo es para los equipos de fútbol. Da igual si son animales reales o mitológicos. No nos extraña que el unicornio de Escocia, el dragón galés o el turul húngaro coexistan con el águila imperial de Alemania, el San Bernardo chocolatero suizo, el lobo italicus o el toro de España (tan bien aprovechado por Osborne), entre tantos otros ejemplos que sobrepasan el ámbito europeo y encontramos por todo el mundo.   

El toro español vive entre dos gallos, el coq sportif, acostumbrado al tenis de Roland Garros, y el Galo de Barcelos, esa criatura de terracota que, de lo alto de cualquier estantería, televisión antigua, café, taberna o en cualquier rastro (las famosas feiras da ladra). Se trata de uno de los símbolos más conocidos de la portugalidade, representando tantas veces a Portugal en el extranjero, lo que genera risas, irritación o indiferencia a unos cuantos, conocedores de su origen y expediente.

La verdad es que, hasta 1931, este gallo, moldeado por los ceramistas de Barcelos, llevaba un par de años circulando por las ferias portuguesas, sin ningún tipo de valor representativo que fuese más allá de una simple leyenda. Es tan inverosímil que jamás la Iglesia Católica le dedicó importancia, no pasando de una antiquísima historia de tradición oral sobre un peregrino que, de camino a Santiago de Compostela, es acusado injustamente de un robo y se le condena a la horca, salvándose porque un gallo, ya cocinado y puesto en la mesa, sería su prueba de inocencia si volviese a cantar. Parece que el gallo cantó y el hombre, como manera de agradecimiento por el cacareo salvador, años más tarde, también de paso a Santiago, allí en Barcelos, habrá mandado construir el crucero que se conoce como el del Senhor do Galo.

Todos los que conozcan la figura de António Ferro saben que este hombre, además de escritor y periodista, fue el más destacado propagandista del Estado Novo en Portugal, al punto que, como señala Orlando Raimundo, se le pueda llamar el inventor del Salazarismo. Lo curioso es que el gallo de Barcelos, como símbolo del país vecino, nació de la necesidad, tan prosaica como afable, de António Ferro de obsequiar a los participantes extranjeros del V Congreso Internacional de la Crítica con un recuerdo de una pieza típica del arte popular portugués.

Ferro conocía la historia y sabía que al pueblo de la región de Barcelos le encantaba su gallináceo milagrero, por eso encarga a sus colaboradores que traigan varios gallos de regalo. Al principio la cosa no fue fácil, hasta que la familia Couto Viana, de Viana do Castelo, ayudó en la búsqueda. Según esta familia del norte de Portugal, dicho gallo de cerámica nació, debido a la leyenda, en 1925, siendo puesto en venta en las ferias dos años después.

Cocidos a altas temperaturas, los primeros gallos eran rojos, pero António Ferro introdujo de inmediato cambios, sugiriendo que los pintasen de blanco, negro y amarillo primero y de otros colores más folclóricos después. Como coloreada curiosidad, se dice que Ferro, fervoroso benfiquista, hizo que el color del Sport Lisboa e Benfica dejara de llamarse rojo (vermelho) y pasase a encarnado, para evitar connotaciones políticas con las ideologías de izquierda. Sin embargo, fue el pintor artesano Gonçalves Torres el encargado de estilizar la cresta y la cola del garrido gallito.

La entronización del gallo de Ferro como insignia lusa se hará en la Exposición del Mundo Portugués, en 1940, siendo colocado en un lugar de gran visibilidad en el pabellón dedicado a la vida regional, haciendo que centenas de miles de visitantes, de dentro y fuera de Portugal, se fijasen en ese icono.

Hace un par de años, la artista plástica portuguesa Joana de Vasconcelos (¡su apellido rima con Barcelos!) hizo una versión gigante del gallo de Ferro, al que llamó “Pop Galo”. Con esta obra XXL quiso reivindicar, recurriendo a la tradición de la azulejería portuguesa y a la tecnología LED, uno de los símbolos más relevantes de la cultura popular de Portugal. Sin embargo, muy probablemente de manera inconsciente, lo que hizo fue reivindicar la huella polémica de António Ferro que sobrevive en lo que se dice ser genuinamente portugués.

El Gallo de Ferro

Un cartel promocional de la película “Capitão Falcão” (2015)
Yo soy de los que se ríen, aprovechando para imaginar que, al final, el gallo descomunal es un robot transformer enviado por la ex Unión Soviética para atacar la Lisboa de Salazar. ¿Cómo serían los superhéroes protectores inventados por Ferro? A mí se me ocurre un Capitão Falcão[1]y su compañero Puto Perdiz (Crío Perdiz en español). Me parece que este paréntesis es importante puesto que un falso amigo lingüístico se infiltra fácilmente, tal cual como un falso símbolo.

Fuentes:

LEAL, Ernesto Castro (1994), António Ferro – Espaço Político e Imaginário Social (1918-1932), Lisboa, Edições Cosmos.

ACCIAIUOLI, Margarida (2013), António Ferro – A Vertigem da Palabra, Lisboa, Editorial Bizâncio.

RAIMUNDO, Orlando (2015), António Ferro: O Inventor do Salazarismo – Mitos e falsificações do homem da propaganda da ditadura, Alfragide, D. Quixote


[1] Capitão Falcão (2015) es una película de comedia sobre el primer superhéroe portugués.  Al servicio de la dictadura de Salazar, Capitão Falcão es una parodia al superhombre fascista, machista, homófobo e impresentable dispuesto a compincharse con quien haga falta con tal de trepar y servir a la causa que le da de comer.

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