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28 sep 2020
RAYANOS

TURISMO RURAL

La Enfariñá, la batalla de la harina en Cedillo

El municipio cacereño se prepara para celebrar su día grande el Martes de Carnaval

Por Esmeralda Torres

21 febrero 2020

En Cedillo no existe el duelo el Martes de Carnaval. No hay constancia alguna de sepelios a doña Sardina Serpentina, aunque ésta no falte a la cita. Y es que los cedilleros más que despedir con tristeza a Don Carnal, durante su última jornada celebran uno de sus días grandes: La Enfariñá.

La Enfariñá se festeja desde que existe el pueblo. Con esta rotundidad lo asevera su alcalde, Antonio González Riscado, que es de los que piensan que fueron los primeros pobladores los que importaron esta cita en el calendario local. “En algunos pueblos portugueses de los alrededores ya se hacía y entendemos que fueron aquellos primeros vecinos los que trajeron esta costumbre de la harina”. Corría la década de los treinta del siglo XIX, tiempos en los que la agricultura y la ganadería eran sustentos del mundo rural. “Aunque no tenemos ningún documento oficial, pensamos que era una  especie de homenaje a la supervivencia de estas tierras en aquel momento”.

Esta tradición no llegó a los municipios más cercanos del municipio rayano. “En aquella fecha Cedillo se acababa de independizar de Herrera pero la costumbre no se extendió”. Sin embargo, y aunque ya no permanezca latente, sí lo hizo por el lado portugués, y es que la mayoría de pueblos de la Beira y el Alentejo portugueses festejaban este ritual alrededor del cereal. “A mí no me consta que en ningún pueblo portugués se siga haciendo”, afirma el alcalde. “Donde sí celebran algo parecido, con sus matices, es en alguna zona de Galicia e incluso en el litoral costero de Grecia”.

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Vecinos de Cedillo durante La Enfariñá. Foto: RAYANOS MAGAZINE.

El ritual

Según marca la tradición, la fecha es inamovible. “Siempre - siempre - se ha celebrado el Martes de Carnaval”, incluso cuando la libertad estaba limitada por el régimen de Franco. “Durante la dictadura intentaron prohibirla pero ni aún así lo consiguieron”, declara González Riscado al mismo tiempo que subraya el arraigo con el que lo viven sus vecinos.

Ponerse ropa cómoda y usada es la primera norma. La segunda, que tan solo se puede echar harina a personas del sexo contrario. “Siempre los hombres a las mujeres y viceversa”, apunta. “En la época podía ser una especie de cortejo o algo parecido”. Eso sí, se salvan las personas viudas y, de un tiempo a esta parte, los más mayores. “Ahora también se le respeta a la tercera edad”. La siguiente, no es más que disfrutar.

Como cada año, la fiesta arrancará a primera hora con una degustación gastronómica. “Intentamos incentivar que la gente salga de caso y empiece con la harina temprano con unas sardinas asadas”, cuenta el alcalde. Después empezará una batalla que se prolongará hasta el mediodía, cuando se dé a probar “unas patatas con carne, por ejemplo”, cortesía del consistorio. “A partir de ahí, solo los más valientes continúan hasta que el cuerpo aguante”.

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