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26 oct 2020
RAYANOS

ESCAPADAS

Trujillo, un conquistador entre cigüeñas y esplendor medieval

Sus quesos y vinos son los nuevos descubridores de este pueblo cacereño, considerado máxima exponencia de la gloria que vivió España durante la colonización de América

Por Esmeralda Torres

16 octubre 2020

Trujillo es cuna de conquistadores. Y no solo de los que hicieron suyo el Nuevo Mundo, sino de postales y productos gastronómicos que dejan al viajero con ganas de más. De más piedras, de más cigüeñas y de más sosiego. Tanto, que ha dejado ensimismado a productores cinematográficos de todo el mundo – véase, entre otros, los autores (y seguidores) de las series Juego de Tronos o Still Star Crossed, una serie basada en Romeo y Julieta -.
 
09:00 Una historia en ruinas
Trujillo saluda glorioso desde la A5. A poco más de dos horas de Madrid y a escasos 30 minutos de Cáceres, su skyline se impone en la monotonía de la autovía. La silueta de su fortaleza no pasa inadvertida, de ahí que los exteriores del pueblo sean el mejor prólogo de esta visita al municipio. Un buen enclave es el del lavadero del siglo XIX, situado al otro lado de la carretera y a unos dos kilómetros del centro urbano. Hasta allí se desplazaban las mujeres que se ganaban la vida lavando la ropa de las familias adineradas. El lugar es mágico por las vistas que arroja y lo que cuenta de la historia del pueblo, y es que se enclava junto a un completo yacimiento arqueológico. Preste atención al altar rupestre que se ubica a la misma altura del solar que ocupó el Turgalium romano, y a las ruinas de las atalayas del Taryala árabe, desde donde los musulmanes vigilaban los ángulos muertos que no se divisaban desde el castillo. El lugar es conocido por los lugareños como La Molineta, probablemente por el antiguo molino de grano del siglo XVIII que aún sobrevive en un deplorable estado de conservación.
 

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Plaza Mayor de Trujillo. Foto: EXTREMADURA TURISMO.

 11:00 Importancia comercial
Uno de los elementos que mayor fascinación despierta en el viajero que pone un pie por primera vez en Trujillo es su muralla. Y su buen estado de conservación. Diríjase hasta la Puerta de La Coria y emprenda camino rodeando esta fortaleza a través de un sendero silvestre y un paisaje berroqueño virgen. Llegará hasta el Arco del Triunfo, por donde accedieron las tropas cristianas en 1232 para desalojar a los árabes y justo donde se rodó la toma de Granada por los Reyes Católicos para la película 1492, la conquista del paraíso. Desde allí podemos continuar contemplando la grandeza de la muralla hasta la Puerta de San Andrés, donde se localiza la casa-fuerte Escobar: la casa donde nació María de Escobar, la primera en llevar simientes de trigo y cebada a Lima (o al continente que hoy es considerado el mayor exportador de grano). De camino habrá dejado una alberca cuyo origen, entre lo romano y lo árabe, causa controversia entre los historiadores, y el Hospital de la Concepción, donde se instaló el artista portugués Pinto Coelho. Adéntrese por la Ronda de Almenas para llegar hasta el Palacio Juan Pizarro de Orellana – hoy convertido en un colegio de monjas – y el Cañón de la Cárcel. Este pasadizo le trasladará a la Plaza Mayor y a otra época. Grandiosa y majestuosa luce esta explanda, que cada primavera acoge la Feria Nacional del Queso: rodeada de soportales, fue un importante nucleo para el comercio trujillano, un hito aún presente en los nombres del Portal del Pan, de la Verdura, de las Carnicerías y del Lienzo, y en los escaparates que venden los productos de la tierra a los viajeros que llegan hasta ella. La estampa la completan algunos palacios renacentistas y otras casas nobles, como el Palacio de Conquista o el de Piedras Albas. Eso sí, si algún elemento se lleva la foto es la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, obra del americano Charles Rumsey y réplica de una versión más pequeña ubicada en la ciudad de Lima.
 
 
13:30 El queso y el vino, verdaderos conquistadores
La mire por donde la mire, la Plaza Mayor está rodeada de escaparates y terrazas con vistas impagables. Decántese por la del Restaurante La Troya, un mesón pintoresco con más de cien años de historia donde toman mesa los amantes de la buena cocina. Y los famosos, y es que sus paredes están repletas de fotografías de su equipo humano con personalidades relevanes. Su fórmula es sencilla: por un módico precio ofrecen una variedad de entremeses y un plato típico con bebida incluida. Lo más famoso de su carta, sin duda alguna, es el frite de cabrito; aunque las criadillas de la tierra no se quedan atrás.
 

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Castillo de Trujillo. Foto: EXTREMADURA TURISMO.

 16:00 A vista de cigüeña
Llegados a este punto del itinerario, el viajero ya se habrá percatado de que Trujillo está lleno de cuestas. La Cuesta de la Sangre es un ejemplo de ello. Es cierto que requerirá de un esfuerzo extra para subir por esta empinada y empedrada callejuela, pero merecerá la pena. Y es que conduce hasta la Casa-Museo de Pizarro, una reconstrucción de una casa hidalga atribuida a Gonzalo Pizarro ‘El largo’, padre del conquistador Francisco Pizarro. De ahí estará a un paso del castillo, una de las alcazabas árabe mejor conservadas del país. Deambule sin prisa por el primer recinto cuadrangular, de época califal, al que se añadió otro más amplio donde se erigió una pequeña mezquita. Llegue hasta el Camino de Ronda y dese el capricho de contemplar Trujillo a ojo de cigüeña. Si ha visto la serie Juego de Tronos le resultarán familiares más de dos escenas.
 
 
18:00 Habla. De Trujillo
Después de recorrer los principales enclaves del centro histórico de Trujillo, se recomienda volver a salir del núcleo urbano. Ésta vez para poner rumbo a una de sus bodegas más conocidas, Habla. Es en la salida 259 de la A5 desde donde asoman unas modernas instalaciones de diseño vanguardista que contrastan con la idea de bodega tradicional, y que ofrecen una auténtica experiencia enoturística. La visita comienza con un paseo por la viña y continúa con un recorrido por cada una de las estancias relacionadas con el proceso de elaboración de sus vinos. La última parada del itinerario es una sala de catas donde se dan a probar cuatro de sus vinos: Habla 12, Habla 11, Habla del Silencio y Habla de la Tierra. Así, el viajero se despide de Trujillo con el mejor sabor de boca y la más sincera recomendación de un turismo de calidad.

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