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15 nov 2019
RAYANOS

ESCAPADAS

Alburquerque, compendio de cultura y belleza medieval

De la prehistoria al medievo, el patrimonio de esta localidad recuerda la importancia que ha tenido históricamente esta tierra de contrastes

Por Esmeralda Torres

08 febrero 2019

Alburquerque enamora desde que el viajero decide poner rumbo a ella, y es que pocas localidades tienen la fama de poseer la fortaleza más formidable de la Península Ibérica. Una habladuría que se corrobora antes de llegar, cuando a lo lejos se divisa el imponente Castillo de Luna sobre el puerto de Albahacar, en la Sierra de San Pedro. A una altitud de 540 metros y en mitad de una zona protegida, la casa noble del Contemporánea – uno de los festivales de música india-pop más populares de España – se presenta como cuna de culturas dominada por el medievo. 

08:00 La Edad de Bronce, punto de partida

Ésta vez el turista deberá saltarse la norma y emprender su camino antes de desayunar. El día en Alburquerque comienza con una ruta senderista hasta las pinturas rupestres del Risco de San Blas. En la cara sur de la sierra se encuentra uno de los tesoros prehistóricos de la región, un abrigo repleto de dibujos esquemáticos datados de la Edad de Bronce y declarados Monumento Nacional en 1942. Se expanden por una superficie de unos tres metros de largo por dos de ancho donde se pueden apreciar figuras que muestran el vocabulario visual que emplearon los hombres y mujeres del Neolítico para dejar constancia de sus ideas, creencias e inquietudes.

Tostadas de cachuela.

10:30 Una de cachuela, por favor

Si algo caracteriza a este municipio rayano, situado a poco más de 20 kilómetros de la frontera, es el compendio de culturas que históricamente lo han caracterizado. De ahí que el desayuno también tenga que ser una mistura entre la gastronomía extremeña y alentejana. Acércate hasta la cafetería El Portugués para pedir el mejor café tostado y una de cachuela, el pato elaborado a partir del hígado de cerdo condimentado con ajo, cebolla y pimentón. Después de este desayuno será cuando realmente tomes conciencia de la localización de Alburquerque. 

Vistas desde el Castillo de Luna.

11:00 De Luna, residencia de personajes históricos y Monumento Nacional

Ya lo advertimos al inicio: si por algo transciende este pueblo pacense es por poseer una de las fortalezas mejor conservadas de la península. El Castillo de Luna fue y es una de las construcciones medievales defensivas más importantes de la Raya. Debe su nombre a Álvaro de Luna, Maestre de la Orden de Santiago y Contestable de Castilla que en 1445 lo reformó alzando su imponente Torre del Homenaje, de cinco pisos de altura. Aunque ésta no fue la única remodelación que sufrió este castillo, que alcanza los 4.000 metros cuadrados y cuyos orígenes se remontan al siglo XIII. El primer duque de Alburquerque, Beltrán de la Cueva, continuó la adecuación del castillo y de sus murallas, que en 1924 se alzaron con la declaración de Monumento Nacional. Sus vistas ofrecen una apabullante panorámica de Portugal. 

A mesa puesta.

14:30 Gastronomía extremeña más allá del jamón

Las vistas desde el Castillo de Luna serán las primeras en despertar el apetito del viajero. Y no por la subida (que también), sino por las extensas dehesas de encinas que abrazan la localidad. Una recomendación de los lugareños es El Fogón de Santa María, uno de los restaurantes alburquerqueños que mejor sirven la caldereta de cerdo. Y es que más allá del jamón, este animal otorga manjares tan auténticos como este plato elaborado en cacerolas de barro y a fuego lento. ¡Buen provecho!

Calle principal del barrio de intramuros.

17:00 Un paseo por la Teta negra

Con el buche lleno es hora de retomar el camino y descubrir por qué Alburquerque es un compendio de culturas y belleza medieval. Y es que a pesar de que sus orígenes se remonten a la dominación romana y la conquista musulmana, fue durante la Edad Media cuando alcanzó su era dorada. Prueba de ello es el casco histórico que abraza una muralla con imponentes torres bautizada como ‘Recinto de los portugueses’. El turista deberá detenerse a fotografiar la Puerta de la Villa, el acceso principal donde se aprecia el escudo de Alonso Sánchez – hijo bastardo del rey portugués Don Dinis I, y una capilla abierta con una imagen religiosa, y la Puerta de Valencia. Pero si algo cobra importancia en el barrio de intramuros, es el legado hebreo de la localidad. Y es que Alburquerque atesora una de las juderías más exclusivas de la región con hasta seis hornaninas, hendiduras que albergaban las mezuzás y que se perfilan como las únicas que se conservan en Extremadura.

Altar principal de la Iglesia de Santa María del Mercado.

19:00 Huella del cristianismo

Este barrio gótico-judío no es la única huella medieval del municipio. Al mismo se suman muchos otros edificios emblemáticos de corte religioso que ponen de manifiesto el gran legado patrimonial de Alburquerque. Empieza el recorrido en la iglesia de San Mateo y continúa por San Francisco y el convento de la Madre de Dios para poner el punto y final en la ermita de Nuestra Señora de la Soledad.

Imagen de la fachada del Hotel Machaco.

21:30 Un descanso con vistas

Y tras el ritmo frenético de todo un día visitando la villa, el viajero terminará agotado y deseando descansar. El lugar más idóneo para ello será el Hotel Machaco, popular por su buena mesa y las espectaculares vistas que ofrecen sus habitaciones. Será el mejor escenario para reponer fuerzas y organizar una nueva aventura. Ésta vez al Santuario de Nuestra Señora de Carrión y el abandonado Castillo de Azagala.

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