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14 nov 2019
RAYANOS

ESCAPADAS

Alconchel, la ciudad del espárrago y la tagarnina

Su Castillo de Miraflores es la prueba de que el cerro fue históricamente ocupado como lugar estratégicamente defensivo

Por Esmeralda Torres

17 mayo 2019

El color blanco colorea a Alconchel. Su caserío sobresale en la ladera del Cerro de Miraflores, a los pies del Castillo que toma su nombre y junto al Gran Lago Alqueva, frontera natural de Portugal. Su historia subraya la etapa medieval, cuando fue poblado inicialmente por Alfonso I de Portugal, pasando a mediados del siglo XIII a poder de Castilla bajo la Orden del Temple. Volvió de nuevo a manos portuguesas en 1445 para, más tarde, formar parte de la corona de Castilla otra vez. En la actualidad es foco de turismo rural por su tradición de naturaleza, donde reina el cultivo salvaje de espárragos trigueros y tagarninas.

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Ruinas del Convento de la Luz. Foto: AYTO. DE ALCONCHEL.


08:00 En busca del espárrago y la tagarnina

La gastronomía es una peculiaridad de cada lugar, y en Alconchel la protagonizan el espárrago triguero y la tagarnina. Con una feria dedicada al turismo y la enogastronomía que acaba de cumplir sus ocho ediciones, estos dos cultivos salvajes se coronan como emblemas de la localidad. El viajero lo entenderá cuando recorra los senderos de la Sierra de Moncarche y vea su abundancia en un paraje natural de enorme valor ecológico y singular belleza. Precisamente atravesando durante 10 kilómetros la ladera próxima a la orilla del arroyo de Friegamuñoz llegará hasta el Convento de la Luz, un curioso templo religioso cuyo origen se remonta a una capilla excavada en la roca, allá por el siglo XV. Sus ruinas aún recuerdan el acueducto que la convirtió en una de las edificaciones más importantes de su época.

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Un blanco caserío. Foto: AYTO. DE ALCONCHEL.

12:00 Un blanco caserío

Históricamente la población se asentó al resguardo de la fortificación, ocupando la ladera del Cerro de Miraflores. El caserío más antiguo se concentra en la zona alta, en torno a la Iglesia de los Remedios, una construcción que ordenaron los Señores de Alconchel, Juan de Sotomayor y Francisca Portocarrero. Aunque data del siglo XVI, se cree que pudo erigirse sobre una base de alguna otra edificación árabe. Cerca de ella aún se conservan casas colgadas sobre el acusado alud de la ladera. Recorra las calles Olivo, Espíritu Santo y Laderas, donde existió una judería.

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Sugerencia del Restaurante Poli. Foto: RESTAURANTE POLI.

13:30 De postre, prestines

Los desniveles sobre los que se asienta Alconchel fatigará al viajero y despertará en él un hambre feroz. Además del espárrago y la tagarnina, en este municipio es tradicional la sopa de tomate y la caldera de cordero acompañados de vinos tintos de pitarra. Pruebe la propuesta del Restaurante Poli. Y deje hueco para los afamados ‘prestines’: sin desperdicio.

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Huerto de Aquilar, en Alconchel. Foto: AYTO. DE ALCONCHEL.

16:00 Huella mudéjar

Una vez reposada la comida, el viajero emprenderá camino hacia las raíces de Alconchel. La primera parada será en el ‘Huerto de Aguilar’, una finca de propiedad privada que custodia una de las maravillas de la localidad rayana. Se trata de un aljibe de construcciónn mudéjar que aún mantiene en pie una bóveda fabricada en pizarra. No deje de ver la noria que se conserva al lado, con su carillón de hierro al que se amarraban con sogas los cantarillos de cerámica que sacaban el agua, algunos de los cuales aún se conservan.

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Castillo de Miraflores. Foto: RAYANOS MAGAZINE.

18:30 Señorío de Alconchel

Sin duda alguna, el elemento más distintivo de Alconchel es el Castillo de Miraflores. Asentado en el cerro del que toma su nombre, domina con su imponente presencia todos los territorios del entorno, incluidos los portugueses. De ahí que fuera plaza de vigilancia ante posibles ataques a Castilla. Los historiadores afirman que se construyó a partir de una edificación árabe en el siglo XII por Alfonso Enríquez, y que posteriormente se convirtió en uno de los bastones más importantes de la Orden de los Templarios. Su estructura original poseía un triple recinto reforzado con cubos apuntados hacia el sur y presidido por una poderosa Torre del Homenaje. Hoy en día se conservan las ruinas de lo que fuese un patio de armas, las mazmorras y una capilla. En su interior se instaló el Centro de Interpretación de las Fortificaciones del Gran Lago Alqueva, una galería de obligada visita para entender la localización estratégica de la Raya ante los ataques de Portugal.

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