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13 dic 2019
RAYANOS

EN RUTA

De Olivenza a Alandroal: un ‘road trip’ por los pueblos bañados por Alqueva

La creación del Gran Lago entre el Alentejo y Extremadura salpicó la identidad de los municipios lindantes

Por Esmeralda Torres

29 noviembre 2019

Es muy probable que si piensa en el mar se imagine una costa, acantilada en su mayoría de postales si es portuguesa. Pero, imposibles aparte, el mar se ha adueñado también del interior bañando el límite que disgrega Extremadura de Portugal a través del Gran Lago, el sobrenombre que le colocaron al tratarse del embalse más grande de Europa (en su tiempo): Alqueva, el parque natural que salpica de identidad un territorio rural y despoblado que congrega lo mejor de la cultura Rayana.

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Blanco caserío en Olivenza. Foto: RAYANOS MAGAZINE.

Olivenza, el pueblo de alma portuguesa

Dice una canción popular que “Olivenza es hija de España y nieta de Portugal”. Es la esencia de esta localidad rayana, erigida entre dehesas de encinas y alcornoques bañados por el embalse más grande de Europa Occidental. Su historia ha estado marcada por los enfrentamientos entre los países de la Península Ibérica hasta el punto que durante ocho siglos fue de posesión lusa la villa privilegiada y fortificada repleta de casas blancas, edificios con arcadas y suelos adoquinados.

La ruta por Olivenza, situada a algo menos de 30 kilómetros de la capital de Badajoz por la EX-107, parte del Centro de Recepción del Visitante Parque Natural del Alqueva, localizado junto al Convento de San Juan de Dios. Allí el viajero se adentrará en una galería con la última tecnología y los recursos didácticos más innovadores que le presentan y contextualizan en un territorio dominado por la naturaleza y el patrimonio cultural. Quédese con los nombres de la Iglesia de Santa María Magdalena, en Olivenza, o el Castillo de Miraflores, en Alconchel, entre otros y prepare su cámara de fotos para no parar de disparar.

Diríjase hacia la Puerta del Calvario, la única de la fortificación abaluartada que en el siglo XVII abrazó y protegió la ciudad bajo el nombre de San Juan de Dios. Es solo uno de los nueve baluartes que le protegió de los continuos conflictos bélicos que sufrió frente a Portugal. Podrá sentir el embrujo portugués que aún habita entre las calles, y que mira con saudade hacia el país que la hizo suya, mientras llega hasta la máxima expresión del arte manuelino, la Iglesia de Santa María Magdalena. Un icono que la Guía Repsol eligió como Mejor Rincón de España 2012 y que data del siglo XVI. Las retorcidas y altivas columnas de su interior no le dejarán indiferente. Tampoco su fachada: admírela y encuentre las siete diferencias con el portón que ornamenta el Palacio de los Duques de Cadaval - actual sede del Ayuntamiento de Olivenza - que se sitúa en la Plaza de la Constitución, frente al que nace la Calle Caridad, la mística rua en la que se localiza la Casa de Misericordia. Es la única que mantiene su vertiente social con una función de asilo y una pequeña capilla que presume de la coquetería y belleza de los típicos azulejos lusos, en los que se representan curiosas escenas bíblicas, como la de Dios entregando a Adán y Eva un abrigo para que cubran su desnudez. No será el único lugar en el que encuentre este arte en color azul y blanco: las calles están repletas de ‘pasos’, el nombre por el que popularmente lo conocen los oliventinos. No busque solo esto y preste atención a la arquitectura tradicional que protagonizan las casas blancas y las calles de adoquines blancos y negros que obliga a hacer memoria para recordar que aún pisa suelo español.

Cuando el apetito haga estragos diríjase hacia Casa Maila (Colón, 3) y pida obligatoriamente bacalao a la portuguesa junto a algún guiso, como el de cardo con almejas. Deje hueco para el postre, y es que resulta tan obligado llegar hasta Casa Fuentes para degustar el auténtico sabor de Olivenza, el de la Técula Mécula. Esta pastelería es la única que registra la receta original de este famoso dulce.

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Panorámica de Cheles. Foto: LA MUNDINQUIETA.

Cheles, una playa de bandera

El siguiente destino lleva hasta la playa de Cheles por la EX-315 en cuestión de 40 minutos. Es una de las zonas de baño más de moda desde que este verano, la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor (ADEAC) reconociese la única orilla española de Alqueva con bandera azul. Aunque concurrida estaba desde la construcción del embalse en 2002, cuando decidieron aprovechar el Gran Lago más allá del regadío y las energías renovables.

No evite este lugar por no tratarse de temporada alta para el baño y acérquese hasta su chiringuito para degustar un buen café portugués (sí, da igual que esté en territorio español: se lo servirán de origen luso). Y unas estupendas vistas. Podrá vislumbrar en el horizonte la orilla portuguesa, e incluso, si tiene suerte y encuentra al conocido Troca, dar una vuelta en lancha por el Gran Lago.

'Almoço' alentejano auténtico: la mesa (y el vino) de Adega Velha
Decoración en Adega Velha, en Mourão. Foto: RAYANOS MAGAZINE.

De ‘adega’ en ‘adega’ hasta Mourão

Disfrute del atardecer en la BA-057 de camino a la tercera chincheta de la ruta, Mourão. Este municipio está ubicado a unos 40 kilómetros, y a menos de uno de la frontera. Para descubrir de qué peca su sector primario acérquese hasta Adega Velha (Dr. Joaquim José de Vasconcelos Gusmão, 13), la tasquinha más mítica de la localidad erigida en una antigua bodega rehabilitada. No se deje engañar por lo poco que habla su fachada del interior y adéntrese en un espacio oscuro y sombrío que revive su pasado, convertido en presente a través de las decenas de enormes tinajas que presiden su hall y donde se guarda uno de los mejores vinos que se sirve en el Alentejo. Aunque, sin duda alguna, el atrezo que más llama la atención es una colección envidiable de radios antiguas que decora una de las estancias del restaurante.

Una vez que tome asiento, se percatará de que la variedad brilla por su ausencia en la carta. Tampoco la necesita. Sus platos, principales y caseros, abarcan todos los gustos: sopa da panela o de cação se perfila entre las favoritas, aunque a la perdiz estofada y los feijão com chouriço no le faltan adepto. Para acompañar, no hay duda: vino de la casa.

Reúna fuerzas para llegar hasta el Herdade dos Delgados, un hotel con servicio de SPA que le permitirá reponer energías para continuar recorriendo los pueblos salpicados por Alqueva. Este establecimiento presume de cuatro estrellas y de habitaciones con bañera de hidromasaje y apabullantes vistas al embalse, además de una maravillosa terraza desde la que tomarse ‘la última’ antes de marcharse a dormir. Merecerá la pena.

Aldeia da Luz, el pueblo sumergido

La mañana comienza con una ruta de unos siete kilómetros por la M517 hasta Aldea da Luz, uno de los pueblos con menos población y más encanto. El motivo es su historia. La construcción de la presa que retendría y embalsaría las aguas del Guadiana llevó a la sumersión de este pueblo, cuyo pasado se remonta al paleolítico. Fue reconstruido a unos kilómetros del original, y para aliviar el malestar de unos vecinos que se vieron despojados de su historia se creó el Museo da Luz. En estas galerías se custodia una exposición permanente de cómo se vivía en el primitivo pueblo, sus costumbres y el proceso de traslado al nuevo municipio, entre otros epígrafes. Resulta muy interesante la explicación de reconstrucción de la Iglesia de Nuestra Señora de Luz.

Marque la dirección del Café Batista (Dr. Sá Carneiro, 32), uno de los pequeños bares con los que cuenta el pueblo y pida un desayuno tradicional portugués. Saboreé la mantequilla típica de las exquisitas torradas mientras contempla la arquitectura tradicional del pueblo: un conjunto de casas jalbegadas de blanco con coloridos marcos en puertas y ventanas. No pierda detalle de lo bien que responden sus vecinos al perfil de alentejano rural.

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Vista de pájaro de Monsaraz. Foto: REGUENGOS COM VIDA.

Monsaraz, fiel esencia del Alentejo

Tardará en llegar unos 24 minutos hasta el siguiente destino, la pequeña y coqueta Monsaraz. Quizá esta localidad pueda pasar desapercibida en un primer momento, pero nada más teclear su nombre en Google asombra al ser de las pocas que poseen un castillo, una plaza de toros y siete iglesias. Rodeada de viñedos, descansa sobre lo alto de un peñasco para ofrecer las más espectaculares panorámicas - y los más bellos atardeceres - del Guadiana fronterizo.

La localización de Monsaraz, tan próxima a la frontera - tan solo le separan veinte kilómetros - y sobre una escarpada, la declara como una aldea históricamente fortificada. Su plaza fue ocupada por lusitanos, romanos, visigodos y árabes, que con el nombre de Saris acabaron integrándola en el Reino Taifa de Badajoz (aunque el castillo que hoy la corona es obra de los templarios). Gerardo Sin Miedo entregó la villa a la orden tras la reconquista cristiana y Don Dinis terminó rematando la fortaleza que acampa entre la Rua Directa, São Tiago y Do Castelo. Ojo, su Torre del Homenaje tiene premio: está adosada a una pequeña plaza de toros que recuerda la tradición taurina de la localidad. Tras deleitarse con esta construcción, deambule por su blanco y empinado caserío, caracterizado de pequeñas, apacibles y peatonales calles empedradas a base de lajas de pizarra. Tras pasar por la Porta da Vila, defendida por dos cubos, su laberinto lleva a siete iglesias entre las que destaca especialmente la matriz de Nossa Senhora da Lagõa, en cuya plazuela se erige un hermoso pelourinho del siglo XVIII. Visita imperdible es también los Paços da Audiência, que alberga el Museu de Arte Sacra.

Alandroal, el templo rayano del bacalao

Podría cuestionarse pero comprobarlo es tan cierto como coincidir en Alandroal un domingo: cada fin de semana, una - o cientos - de excursiones llegan hasta este pequeño municipio para saborear el que probablemente sea uno de los mejores bacalaos del país. Llegar hasta él solo implicará recorrer unos 35 kilómetros por la N255 y localizar el Restaurante A Maria (João de Deus, 12). Déjese ensimismar por la peculiaridad de la decoración y pida este pescado a la alandroalesa. Es la petición de un alto porcentaje de sus comensales, de los que el 90% llegan desde la capital lisboeta y el 10% desde Extremadura. Los más renombrados críticos gastronómicos no faltan a su mesa.

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