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23 oct 2020
RAYANOS

TURISMO ESPIRITUAL

Chandavila, un lugar sagrado entre lo místico y lo cristiano

El paraje en el que se levanta el templo religioso mariano de La Codosera está poblado de leyendas

07 octubre 2020

Es un destino especial, misterioso y repleto de leyendas - o milagros, según se mire -. De esos que se cuentan con los dedos de una mano en todo el país, y de los que descubren paisajes y rincones de recóndita belleza natural. Hablamos de Chandavila, un paraje agreste en la misma Raya española que separa La Codosera de Esperança, donde se erige un imponente santuario a una virgen dolorosa – o un ente ataviado de negro - que se apareció hace 75 años.

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Plano aéreo de Chandavila. Foto: CHANDAVILA. LA CODOSERA. AÑO JUBILAR.

A poco más de un kilómetro de la frontera con Portugal asoma el Santuario de Nuestra Señora de los Dolores de Chandavila. Se trata de un templo religioso de devoción mariana erigido en la falda de la sierra que le da nombre, y donde abunda el color blanco y los carteles rogando silencio. Es un lugar que emana paz y tranquilidad, y un lugar sagrado. Y es que fue justo ahí donde, según cuentan las crónicas de la época y los vecinos de la localidad, se apareció la Virgen María bajo la advocación de Dolorosa a dos niñas que transitaban por el bosque. Así lo confirma el escritor José Luis Olmo. El autor del libro La Codosera, un pueblo con raíces y costumbrs rayanas, recuerda que corría el año 1945, acababa de terminar la Segunda Guerra Mundial y había muchas mujeres viudas que, al no tener trabajo, recurrieron al contrabando entre Portugal y España como vía de subsistencia. Fue el caso de Marcelina Barroso, a quien su madre enviaba a menudo a un caserío portugués a comprar productos que no se comercializaban en España. Y fue en una de esas idas y venidas acompañada de su prima cuando vivió algo insólito. “De camino a Portugal, entre los castaños de Chandavila, vio como a una señora vestida de negro. Y a la vuelta reparó en esa figura para confirmar que lo que veía era una virgen”, explica el hombre. Continúa y narra cómo llegó a casa y se lo contó a su madre, “que le dijo que cómo iban a ver a la virgen si ellos eran rojos y de izquierda”. Y cómo la pequeña volvió para ratificar aquella aparición mariana. “Le dijo que volviese al día siguiente, que iba a hacer un milagro”. Tal y como detalla el escritor, la joven se lo contó a su progenitora y ésta a las vecinas, y al día siguiente se aglutinaron en los aledaños de aquel castaño “unas 7.000 personas”, que presenciaron cómo “la niña se arrodilló en mitad de unos espinos sin que le pasara nada”. “A partir de ese momento, la Virgen de Chandavila no ha parado de hacer milagros”.
 
La periodista y escritora Israel J. Espino, tras recoger numerosos testimonios por la zona, también confirma esa visión. Pero cuestiona si realmente se trató de una aparición mariana. “La primera vez que se encuentra con la supuesta virgen, la niña lo que ve es un bulto negro: una figura a la que no se le veía la cara, una pantaruja”, afirma. “Llaman al cura y es él quien interpreta que, si no es el demonio, es una aparición mariana: un ser vestido de negro pues una virgen vestida de negro, y por tanto una Dolorosa”.
 

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Interior del Santuario, en Chandavila. Foto: JOSÉ LUIS OLMO.

Un lugar sagrado
Olmo cuenta cómo lo primero que hizo el alcalde de la época junto al párroco de por entonces fue dar fe de lo ocurrido y recaudar donativos que ayudasen a erigir una capillita en honor de la Virgen de los Dolores de Chandavila, como pasaron a nombrar la imagen mariana. Subraya que los vecinos de La Codosera se mostraron muy colaborativos, y que con estas ayudas construyeron una primera ermita justo en el lugar de la aparición. Ni un metro arriba, ni un metro abajo. Y es que la edificación de este templo religioso abrazó el castaño donde se reflejó: “hicieron un altar y acementaron los alrededores, pero el árbol se secó y tuvieron que cortarle las ramas”.
 
Esta primera ermita aún se puede visitar. Hacerlo es tan sencillo como abrir una cancela y adentrarse en un espacio presidido por la primera imagen del Chandavila. “Años después se construyó el santuario actual”, justo al lado, según apunta el escritor. Una pequeña desviación arquitectónica sobre la que Espino reflexiona. “Recuerdo que una señora me contó que solía ir a rezar a la pequeña capillita donde se apareció, y que le daba miedo porque justo al lado había un bosque desde el que escuchaba como un silbido maligno”, detalla la investigadora. “Como si alguien estuviera susurrando”.
 
“Yo creo que toda la zona de La Codosera es sagrada, y que concretamente la zona del santuario es el más sagrado”, asevera la periodista. Cuando le preguntan qué le lleva hasta esta conclusión hace alusión a la reincidencia de apariciones. “Esa imagen lo que está señalando es que lo que es sagrado es el lugar, no ella, independientemente de la religión”.

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Foto de la primera construcción religiosa. Foto: JOSÉ LUIS OLMO. 

 

Oportunidad para el turismo dark

Olmos recuerda la veneración que despierta Chandavila, que recibe a miles de creyentes cristianos cada año en búsqueda de ayuda espiritual. “Es el lugar de peregrinación más aclamado de la provincia de Badajoz, y el segundo después de Guadalupe en Extremadura”.
 
Y Espino lo ve como una oportunidad que va más allá de la devoción mariana. “Ahora mismo recurso turístico es todo aquello susceptible de que llame la atención, y yo te aseguro que estos fenómenos interesan mucho”, dicta la mujer aludiendo a una oportunidad para el turismo dark. Y es que la aparición de lo que muchos consideraran la Virgen María no ha sido la única que se ha dado por la zona. “Otro testimonio de una pareja que estaba por las Huertas del Abrilongo asegura que vieron una figura negra difuminada, encapuchada, que le miraba fijamente al atardecer”, relata. “Y un señor que vive justo al lado de Chandavila, enfrente de las Huertas, asegura que ha escuchado ruidos extraños dentro de una habitación que estaba cerrada con llave”, continúa. “O gente que sale a cazar y escucha cánticos debajo del suelo”.
 
La escritora los considera fenómenos extraños sin más. Y en este sentido explica cómo, según las creencias y el tiempo, se les llama de una forma u otra. “La gente más mayor le llama brujas, otros pueden pensar que son duendes o fantasmas”, argumenta. “Los fenómenos están ahí de siempre y cada uno le da el nombre acorde a su cultura y tiempo”. E insiste en que promocionar esta antropología, “al igual que la gastronomía o la cultura tradicional”, puede ser una oportunidad más para el territorio. “En Extremadura tenemos dos zonas bestiales a nivel antropológico que no hay en el resto de España. Y una es La Codosera”.

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Peregrinación cristiana a Chandavila. Foto: JOSÉ LUIS OLMO.

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