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12 jul 2020
RAYANOS

TURISMO CULTURAL

Los dólmenes de Cedillo, monumentos funerarios de pastores primitivos

El municipio localiza una treintena de megalitos construidos en pizarra, descubiertos por el investigador Jorge de Oliveira

Por Esmeralda Torres

25 marzo 2020

Jorge de Oliveira es historiador y un apasionado de la arqueología. Desde sus inicios como profesor en la Universidade de Évora ha investigado la cultura megalítica que abraza al río Tajo a su paso por la Raya. A un lado y otro de la línea imaginaria que divide a España y Portugal, con la mentalidad primitiva de un mismo territorio. “Mi investigación para mi tesis del doctorado pretendía comparar los dólmenes de grandes dimensiones construidos en granito en Valencia de Alcántara, Marvão y Castelo de Vide con los pequeños elaborados a partir de pizarra en Nisa”. Un análisis que se vio empañado por la desidia humana y la frustración personal de este investigador, que vio como su trabajo de excavación y documentación de años se fue todo al garete en cuestión de semanas. Y es que a principios de los noventa, una treintena de dólmenes fueron destruidos para ejecutar una plantación de eucaliptos. “No había ni un solo dolmen conservado, el paisaje era devastador”. 

El profesor cuenta que lloró de rabia. También de miedo, “por no conseguir terminar mi tesis”. Fue en mitad de ese desasosiego cuando miró al otro lado del río Sever, al paisaje de Cedillo: un paraje intacto que aún no había invadido los eucaliptos y por el que acampaban a sus anchas los rebaños de cabras y las plantaciones de jara. “Y dije, si en la parte portuguesa hubo hombres prehistóricos, seguramente también habitaran el otro margen del río”.

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Excavaciones en Cedillo. Foto: JORGE DE OLIVEIRA.

Ni corto ni perezoso, De Oliveira fue a llamar a las puertas del Ayuntamiento de Cedillo, el consistorio de una pequeña localidad limítrofe popularmente conocido por su embarcadero al río Tajo y la belleza natural del parque natural. “Hablé con el alcalde, Antonio Riscado, y con el por entonces teniente de alcalde, Miguel Ángel Morales”, cuenta. Corrían los primeros años de la década de los noventa del pasado siglo y los vecinos de este municipio estaban convencidos de que su historia partía en la fundación de una aldea de contrabandistas a finales del siglo XIX. “De inmediato me dijeron que no había ningún patrimonio histórico o arqueológico por aquellas tierras, excepto la iglesia”, continúa. “Les repliqué que era imposible, porque si en la parte portuguesa del río Sever había muchos dólmenes, en la margen española también tenía que haber y volvieron a garantizarme que no era así, que no había ese tipo de monumentos por allí y que si quería ver dólmenes tenía que ir hasta Valencia de Alcántara”.

La insistencia de este investigador logró convencer a estas autoridades, quienes aceptaron acompañarle en un recorrido por los aledaños de Cedillo sin dejar de pensar que “yo era un lunático”. El historiador narra cómo se dirigió a la presa y, justo a las afueras del pueblo, les señaló la cima de una colina para afirmar con la más rotunda certeza que un conjunto de piedras derruidas era un dolmen. Tanto Riscado como Morales respondieron que no, “que eran piedras naturales”, y haciendo caso al profesor llegaron hasta aquellas losas a pie para comprobar que se encontraban frente al dolmen de La Joaninha.

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Excavaciones en Cedillo. Foto: JORGE DE OLIVEIRA.

Comunidades de pastores

De La Joaninha al llamado Cuatro Lindones, estos dos vecinos de Cedillo acreditaron que el término municipal de Cedillo había sido habitado mucho antes de la época del contrabando. Que había pasado de no tener historia a tener prehistoria. Una buena nueva que corrió como la pólvora entre el resto de habitantes, que se mostraron dispuestos a participar en las tareas de excavación y documentación. Fueron ellos y especialmente Regino Ramallete, Simón y Batata los que participaron de forma más activa en el descubrimiento mientras que Olivera volvía hasta Évora entre diario para continuar con sus clases en la universidad. “Me facilitaban el trabajo, solo tenía que confirmar sus hallazgos”, hasta el punto de que solo necesitaron dos meses para elaborar un inventario de una treintena de dólmenes que presentaron ante la Junta de Extremadura con el fin de obtener las autorizaciones necesarias para promover el estudio y valorización de estas piezas. “Con estos permisos, en los veranos del 93, 94 y 99 procedimos a las excavaciones de los dólmenes de Joaninha, Era de los Guardas, Cuatro Linones y Charca Grande de la Regañada”.

Precisamente fue el material de estos dólmenes el que reveló la historia que callaban estos monumentos funerarios. El profesor cuenta que restos recogidos en La Joaninha fueron enviados a Estados Unidos para, a través de pruebas de radiocarbono, datar su antigüedad y comprobar que eran semejante a los de Valencia de Alcántara, Marvão y Castelo de Vide. “La gran diferencia es que los dólmenes de la zona de Cedillo fueron construidos por las primeras comunidades de pastores, durante el quinto o cuarto milenio antes de Cristo, mientras que los ya conocidos fueron erigidos por una comunidad asentada en la agricultura”. En este sentido, explica que los pastores, al tratarse de una población nómada y dispersa, construían megalitos más pequeños pero más numerosos, mientras que las comunidades que vivían de la agricultura, más sedentarias, requirieron de mayores construcciones para congregar un mayor número de personas. “Así, los diferentes volúmenes entre los dólmenes de granito y de pizarra no resulta solo de la materia prima en la que fueron construidos, sino de las economías de las comunidades que los construyeron”.

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Excavaciones en Cedillo. Foto: JORGE DE OLIVEIRA.

Un tesoro en el Provincial de Cáceres

De Oliveira recuerda que la diferencia entre economías se ha visto reflejada también en los objetos que acompañaban a los muertos. “En los dólmenes de Cedillo se encuentran artefactos relacionados con el pastoreo, mientras que en los de mayor dimensión se encuentran materiales más ricos y diversos”. Este dato lo justifica en que “son mucho más pobres y solo el pastoreo podía garantizar su subsistencia”, y que “las primeras comunidades neolíticas se especializaron en relación directa con la calidad de los suelos donde habitan, tal como hoy”.

Entre los objetos encontrados menciona puntas de lanza, hachas y azulejos en piedra pulida, jarrones de cerámica, cuentas de joyería y elementos de algún molino, entre otros. Todo atribuido al Neolítico y en exposición permanente en el Museo Provincial de Cáceres. Conocerla es tan sencillo como recorrer sus galerías, en la capital cacereña, aunque si algo merece una visita es la ruta megalítica entre estos monumentos funerarios que propone el consistorio. Un recorrido que le trasladará a otra época, a la más primitiva historia de Cedillo.

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Excavaciones en Cedillo. Foto: JORGE DE OLIVEIRA.

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