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22 sep 2019
RAYANOS

ESCAPADAS

Coria, la ciudad monumental que abraza el Alagón

De una muralla de origen romano al sagrado mantel de La Última Cena, la capital del Valle del Alagón atesora el más rico compendio de las tres culturas

Por Esmeralda Torres

31 mayo 2019

A pesar de que el río quede lejos de rozar la falda del cerro sobre el que se asienta la ciudad, nadie podría entender Coria sin el Alagón (ni el Alagón sin Coria). La capital religiosa de la provincia cacereña es más que el armazón en el que se custodia el sagrado mantel de La Última Cena. Es un compendio de las tres culturas. Si bien la zona ya fue habitada por los vetones, a la vieja Cauria le dieron forma los romanos tras la conquista de la Península Ibérica y el nacimiento de Lusitania. Después vino el período visigodo, y tras él la etapa de dominio árabe con la reforma de la muralla que ya habían puesto en pie los romanos. Pero si alguna marcó su historia fue la cristiana. Conquistada en 1212 llegó a manos de la Casa de Alba a finales del siglo XV, convirtiéndose en un territorio inmenso y próspero hasta el que llegaban millares de peregrinos para venerar la reliquia religiosa que asomaba por el plateresco balcón de la bella catedral consagrada a Santa María de la Asunción.

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Detalle del Puente de Hierro de Coria, desde donde parte la ruta.

09:00 De camino al Rincón del Obispo

No está mal empezar las historias por el principio. De ahí que lo primero que hará el viajero nada más llegar a Coria sea emprender una ruta senderista hacia el Rincón del Obispo por la Ruta de los Poblados, un antiguo camino que enlazaba la ciudad con una finca de propiedad episcopal repleta de dehesas dedicadas al pastoreo y sobre la que se asienta este pueblo de colonización. El paseo recorre entre las tierras de regadío de la comarca, mostrándole al turista la riqueza del territorio que baña el Alagón. En este camino se halla un yacimiento achelense con más de 300.000 años de antigüedad (Paleolítico Inferior), donde se descubrió un importante número de útiles líticos en cuarcita, y otros restos arqueológicos romanos.

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Sugerencia de la Cafetería Al Karika. Foto: TRIPADVISOR.

11:00 Una de jamón, por favor

El viajero volverá a Coria con hueco para una tostada (o dos). Por paradójico que suene sería pecado no pedir una catalana en Extremadura, y es que en el lugar se suele apodar así a la que presume de llevar una base de aceite y tomate bajo un manto del mejor jamón ibérico de la tierra. Una de las mejores las sirven en la Cafetería Al Karika (Plaza del Rollo, 8), donde proponen a los más atrevidos saborearla con un toque de Pimentón de la Vera. ¡Deliciosa!

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Puerta de la Guía, en la muralla romana. Foto: ÓSKAR FOTOCAURIA.

11:30 El rastro de sus murallas romanas

Tras haber recargado pilas, el viajero continuará su camino para descubrir por qué esta ciudad presume de ser un compendio de las tres culturas. Empezará por buscar el rastro de su era romana en las murallas que la bordean. Más de un kilómetro de baluarte abrazan Caurium, y es que a diferencia de otras grandes ciudades amuralladas, éstas non corresponden a la época medieval ni musulmana.. Datadas entre los siglos III-IV d.C., presumen de poseer un magnífico estado de conservación, conseguido - entre otras cosas - por las rehabilitaciones que sufrieron durante los períodos de dominio musulmán y cristiano. Cuenta una veintena de torres cuadradas y cuatro puertas de acceso, aunque solo dos de ellas son romanas. Deténgase el tiempo que necesite en las que quiera, pero elija la de San Francisco para acceder a su interior.

El sagrado mantel de Coria, una exquisitez oculta
El sagrado mantel de La Última Cena, en el cofre que vigila su conservación. Foto: AYTO. CORIA.

12:30 El tesoro de la Catedral

La mayoría de las catedrales españolas (y europeas) presumen de imponentes tesoros. Unos custodian joyas reales con siglos de tradición, otras tallas religiosas con valores incalculables, pero solo ésta alardea de atesorar el sagrado mantel que vistió la mesa de La Última Cena. Se trata de un retal de más de cuatro metros de tela, blanca por un lado y con sencillos adornos en tonos azules por el otro que, más allá de la atención de la Iglesia católica ha conseguido captar la de la mismísima NASA. La historia cuenta que esta tela se exponía cada 3 de mayo en el balcón lateral de la catedral y que hasta allí se acercaban miles de fieles como si de un éxodo religioso se tratase. La fe llevaba a arrancar trozos de tela, por lo que el sentimiento de conservación llevó a custodiarlo en un cofre y exponerlo tras un cristal que garantizara su protección. El interior del templo merece una lectura aparte, y es que cuenta con particularidades que la hacen realmente única y que merecen recorrerla de manera guiada.

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Sugerencia de 'El Bobo de Coria'. Foto: TRIPADVISOR.

15:00 A merced de El Bobo de Coria

Antes de despedirse de la catedral preste atención a la estatua que se erige sobre la Puerta del Poniente, conocida popularmente por los lugareños como ‘El Bobo’. Representa al bufón que sirvió a Felipe IV a principios del siglo XVII y de quien toma su nombre uno de los mejores mesones de la ciudad, el Restaurante El Bobo de Coria (Las Monjas, 6). Caracterizado por ofrecer una cocina tradicional extremeña casera y elaborada con productos frescos de primera calidad, propone platos como un arroz con setas, unas alcachofas en salsa, una torta del casar gratinada o carnes de retinto, entre otras sugerencias. El espacio es acogedor e idóneo para compartir una sobremesa con familia o amigos.

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Acceso a la fortaleza. Foto: VÍCTOR DÍEZ.

17:00 Un castillo de cuento

El paseo continúa por la ciudad de intramuros donde, teniendo en cuenta la proximidad de al frontera, no podía faltar un castillo. Sería en torno a laos 1472 y 1478 cuando García Álvarez de Toledo, el primer Duque de Alba, mandó a construir un edificio que aprovechase una de las torres medievales de la muralla. No le faltan elementos defensivos que los protegiese del enemigo invasor.

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Celda de castigo de la Cárcel Real de Coria. Foto: FRANCISCO POLI MIGUEL.

18:00 Las mazmorras reales

Y si hubo castillo en Coria, no puede faltar una cárcel (real), uno de los atractivos turísticos más sorprendentes y mejor conservados de la ciudad. Fue a finales del siglo XVII cuando el rey Carlos II ordenó levantar una prisión que se mantuvo activa hasta 1981. De ahí que conserve en perfecto estado las mazmorras, incluida una celda de castigo, donde hoy se encuentra un centro de interpretación sobre la historia de la localidad, desde el Neolítico hasta su historia moderna, donde no falta la información sobre las Fiestas de San Juan. Observe cómo se conservan los garabatos y autógrafos de los antiguos ocupantes en sus paredes: le pondrán los pelos de punta. Una vez fuera, saboree la libertad dando un paseo sin rumbo por las estrechas y empedradas calles de la ciudad monumental.

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Claustro del Convento de la Madre de Dios de Coria. Foto: TURISMO CORIA.

19:00 Pastas y caridad

La Calle de Las Monjas es una de las céntricas calles de la ciudad monumental. Toma su nombre del Convento de la Madre de Dios que en ella se enclava, un edificio religioso rehabilitado que fundaron las Hermanas Franciscanas allá por el siglo XIII. No dude en llamar a la puerta tres para adquirir los deliciosos dulces que elaboran siguiendo recetas con siglos de antigüedad, y mientras le dan la vuelta curiosear el patio renacentistas y algunas otras dependencias de la construcción.

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En la imagen, el puente medieval de Coria. Foto: ÓSKAR FOTOCAURIA.

20:30 El puente sin río

Aunque el Puente de Hierro, una comunicación de principios del siglo XX obra de los hermanos Ardura, sea el más famoso de la ciudad, sin duda alguna el Puente Medieval es el más singular: a sus pies no existe ningún río. Fechado en 1518, su contemplación despierta interrogantes para las que existen varias hipótesis, entre las que destaca como más aceptada que el río varió su curso tras diversas crecidas y el terremoto de Lisboa. Quédese allí y observe la puesta de sol, una de las mejores postales de Coria.

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