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Un regalo para el viajero | Dip Badajoz
27 nov 2020
RAYANOS

EN RUTA

De Fuente del Arco a Hervás: por vías verdes y sobre dos ruedas

Extremadura cuenta con cuatro líneas de tren en desuso que han logrado revivir para placer de ciclistas y senderistas

Por Esmeralda Torres

13 noviembre 2020

Año 1863: la estación de Badajoz recibía el primer tren de viajeros procedente de Elvas. Así fue como el ferrocarril irrumpió en Extremadura para revolucionar el urbanismo, la industria y la movilidad de personas y mercancías. Las crónicas de la época cuentan como este innovador transporte animó a trazar vías de norte a sur y de este a oeste, pero su poca rentabilidad llevó a que muchas líneas cayeron en desuso y otras tantas ni llegaran a ser transitadas por quedar su construcción inconclusa. Por suerte, años después, revivieron para el placer de ciclistas y senderistas. Bajo el Programa Vías Verdes y con el fin de destacar su valor histórico y cultural, se recuperaron más de 7.600 kilómetros en todo el país, de los que más de un centenar se localizan en Extremadura. La región cuenta con cuatro Vías Verdes, caminos accesibles y seguros que invitan a descubrir importantes y variopintos recursos naturales y patrimoniales a pie o sobre dos ruedas. Pedaleando es la mejor opción para recorrer el tramo extremeño durante un solo fin de semana.  
 
 

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Cicloturistas por la vía verde de La Jayona. Foto: VÍAS VERDES.


La huella de un ferrocarril minero
Al sur de la provincia de Badajoz se encuentra aún latente la huella del ferrocarril minero que comunicaba Peñarroya (Córdoba) con Fuente del Arco. Dos años tardó la Sociedad Minero y Metalúrgica de Peñarroya en tender los 70 kilómetros de vía estrecha – la única que hubo en Extremadura – que permitían exportar la producción minera extraída de La Jayona. Estas vías vivieron años de gloria - llegaron incluso a transportar trenes de viajeros - que se vieron empañados con el cese de la actividad minera en la zona y la irrupción de autobuses y turismos mucho más eficientes, deviniendo en el cierre de la línea el 1 de agosto de 1970.
 
Cincuenta años después, este trazado es un sendero acondicionado de unos 20 kilómetros que discurren entre dehesas de encinas y campos de cultivo y olivares. Una vía verde que se une a un tramo de unos 12 kilómetros de caminos públicos señalizados y que parte de la estación de Fuente del Arco, a la que se llega por la carretera BA-V-1618. El punto de partida exacto de la propuesta es la antigua mina de hierro La Jayona, excavada a pico y pala en la sierra del mismo nombre y declarada Monumento Natural por el bello hábitat que generó su reconciliación con el medio ambiente. Sus vistas son impresionantes y su entrada, gratuita, por lo que se recomienda perder unos minutos para deleitarse con su riqueza geo-ecológica. Tras esta visita, el itinerario continúa por un camino público perfectamente señalizado que pasa por las puertas de la Ermita de la Virgen del Ara, la llamada ‘Capilla Sixtina extremeña’. En este santuario de estilo mudéjar erigido en el siglo XV destaca la representación de escenas del Génesis en las bóvedas, y varias figuras geométricas en el zócalo. Un templo religioso desconocido hasta que fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 2018.

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Visita guiada por la mina La Jayona, en Fuente del Arco. Foto: EXTREMADURA TURISMO.


 Este camino público termina en la antigua estación de Fuente del Arco, situada al norte de un casco urbano de soberana riqueza natural, tradicional, cultural y gastronómica (que bien invita a aparcar la bicicleta y quedarse a mesa puesta). Es justo en este punto donde parte la vía verde que en su primer kilómetro y medio surca el arroyo de Galapagar con una pronunciada curva hacia la derecha. A continuación y durante ocho kilómetros, se adentra en un recorrido con poco desnivel y caracterizado por el paisaje de dehesas, matorral mediterráneo, tomillos, torviscos y ovejas merinas. Será a partir del kilómetro diez cuando el entorno empiece a mutar a campos de cultivo; es la bienvenida a Valverde de Llerena (km 11), donde las ruinas de la antigua estación que daba servicio a esta localidad prueban que un día un ferrocarril de vía estrecha circuló por allí.
 
Dejando Valverde de Llerena a la derecha, se avanza durante varios kilómetros en compañía de olivares. Ellos serán los protagonistas del paisaje hasta el kilómetro 17, donde los restos de la Estación de Berlanga-San Fernando saludarán al cicloturista ofreciéndole un área de descanso donde decidir si reponer fuerzas. Si aguanta un poco más, en dos kilómetros se encontrará con los restos del apeadero ferroviario de Azuaga y un nuevo área de descanso que antecede a la carretera N-432. Aquí termina la Vía Verde, pero conviene desviarse siete kilómetros más para llegar hasta el municipio más poblado de la comarca de Llerena y disfrutar de las ruinas del Castillo de Miramontes de origen mudéjar, su arquitectura hidalga y la gastronomía popular donde el cerdo ibérico que se cría en la dehesa cobra especial protagonismo. El restaurante La Dehesa es una recomendación.

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Itinerario de la vía verde La Jayona. Foto: VÍAS VERDES.

No conviene entretenerse, y es que a falta de transporte público que conecte Azuaga con Fuente del Arco, el viajero deberá deshacer el camino recorrido. Un viaje de vuelta para regocijarse en los paisajes con la luz que deja el atardecer antes de concluir una primera etapa donde la altimetría tiene poco desnivel: el punto más alto roza los 610 msnm mientras que el descenso no baja de los 587 msnm. Una vez de regreso es hora de poner rumbo a Villanueva de la Serena, de donde partirá la segunda jornada de este itinerario.
 


Por las Vegas del Guadiana
El segundo día en esta ruta por vías verdes sobre dos ruedas parte de Villanueva de la Serena, capital de las Vegas Altas del Guadiana. Hasta allí llegaron los raíles procedentes de Madrid y Ciudad Real camino de Badajoz allá por el 1865. Sobre ellos circularon trenes de viajeros hasta que en 1917 se pusieron en marcha las minas de fosfato de Logrosán, y los coches de pasajeros tuvieron que convivir con el transporte de mercancías. Casi al mismo tiempo se alumbró el Plan Guadalhorce, que quería llevar el ferrocarril a los territorios donde aún no había llegado para tejer una red de fuerte tendencia radial. De esta forma, Logrosán conectaría con La Jara (Toledo) a través de un trazado por Las Villuercas. Un ilusionante proyecto que se vio truncado en 1963 con el informe del Banco Mundial, y totalmente olvidado cuando arrancaron sus raíles para hacer de esta línea ferroviaria la primera vía verde extremeña.

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Tramo del itinerario por la vía verde de las Vegas del Guadiana. Foto: VÍAS VERDES.

Esta etapa es más larga – 58 kilómetros - y tiene mayor desnivel que la anterior– su perfil altimétrico varía desde los 256 msnm hasta los 435 -, por lo que se recomienda partir con los primeros rayos de sol de la estación de ferrocarril de Villanueva de la Serena. La vía verde realmente comienza en el kilómetro 1, tras pasar la línea ferrovaria que debería de haber conectado la localidad pacense con Talavera de la Reina y hasta la que llegará fácilmente a través de la señalética. Tras un giro a la derecha, el sendero se sumerge en una profunda, húmeda y roja trinchera ferroviaria que termina en una recta que parece interminable, dibujada entre campos agrícolas, huertas y segundas residencias. En este tramo se cruza el canal del Zújar, y un poco más adelante obliga a abandonar el rastro original del ferrocarril a causa de la maleza para continuar por una pista de tierra que concluye en un segundo camino transversal. Preste especial atención, debe compartir vía con vehículos motorizados. Tome el ramal izquierdo para cruzar la transitada carretera BA-060 y continúe por un camino asfaltado para subir al collado del Ventorrillo. Se quedará ojiplático al ver el curso del río Guadiana dividido en dos lenguas de agua enmarcadas por altos eucaliptos. Está permitido hacer un alto para fotografiar tal estampa antes de continuar con un itinerario descendiente para superar el río a través un viaducto férreo que conecta nuevamente con el trazado ferroviario original, dando por finalizado el tramo compartido con otros vehículos.
 
Casi sin darse cuenta ha pasado por terreno de Don Benito, Rena, Villar de Rena, Torivscar y Palazuelo, y se acaba de adentrar en la provincia de Cáceres. A su derecha queda Madrigalejo y a su izquierda, Campo Lugar. Le avisará el fantasmal edificio de su estación, de vistoso ladrillo y repleto de nidos de cigüeña. Justo en este tramo - alrededor del kilómetro 20 - la llanura se ve interrumpida por dos largas y altas trincheras de blandas paredes cubiertas por retamas, jaras y zarzas, y por un terraplén que hace las veces de mirador excepcional sobre el río Ruecas. Tras deleitarse con las vistas, continúe por el fantasma Cristobal Colón, uno de los pueblos de colonización abandonado en cuyas tierras aún pastan ovejas y vacas bajo la atenta mirada de un séquito de cigüeñas y garcillas que persiguen la labor de los tractores.

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El río Ruecas está muy presente en la vía verde de las Vegas del Guadiana. Foto: VÍAS VERDES.

El puente sobre el río Ruecas es el siguiente hito de este itinerario. Llegará hasta él tras cruzar el canal de Orellana gracias a un sifón, que salva el agua que fluye hacia Madrigalejo. Y a continuación el paisaje dará un giro: volverá a sumergirse en campos llanos sembrados de arroz y próximos al embalse de Sierra Brava, una auténtica meca ornitológica en la que conviven patos, fochas, cigüeñas, garzas y garcillas, entre otras especies.
 
Una pasarela metálica salva la carretera EX 355 para llegar a la estación de Madrigalejo, a partir de la cual la vía verde vuelve a ser llana y recta. Discurrirá por la dehesa del Monte y le acompañará el canto del cuco, antes de zambullirse en un terreno suavemente ondulado de adehesado encinar, un ecosistema elegido por las grullas para pasar el invierno. En mitad del silencio, déjese embelesar con su vuelo en forma de V que las trae durante 2.000 kilómetros para disfrutar de las cálidas temperaturas que ofrece Extremadura durante estos meses. Con esta estampa, la vía se enfrasca en un paisaje jalonado por el cerro de los Cabos Negros que conduce hasta las ruinas de la solitaria estación de Zorita Lavadero, que tomó su nombre del lavadero vinculado al cercano Convento de Malillo, lugar de descanso de los monjes de Guadalupe.
 
El serpenteo de la vía continúa cercano al río Ruecas hasta el alto terraplén del kilómetro 44, donde acontece el desdoblamiento del río. El itinerario se decanta por el curso izquierdo convertido en el arroyo Grande, que acompaña hasta el final en Logrosán. Será aquí cuando, tras pasar una curva, encare una nueva recta de moderada pendiente que termina en la descomunal trinchera excavada en roca del kilómetro 49. El sauve alomado se convierte en una agreste serranía mediterránea de monte bajo, poblada de perdices, jabalís y ciervos.

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Senderistas por la vía verde de las Vegas del Guadiana. Foto: VÍAS VERDES.

El trazado del ferrocarril continúa a base de excavar profundas trincheras o levantar rotundos terraplenes. Con la estampa de la sierra de Guadalupe en el horizonte, la vía cruza el arroyo Grande y se aúpa en la ladera de la sierra de San Cristobal para, a continuación, girar a la derecha y atravesar entre trincheras hacia un panorama protagonizado por huertas y explotaciones agropecuarias. Justo después llegará a la antigua estación de Logrosán, donde concluye la vía verde.
 
Se recomienda adentrarse en su casco urbano, donde se localiza la antigua mina Constanza, de donde se extrajo el 50% de la producción nacional de fosfato tricálcico, el mineral que revolucionó la agricultura de mediados del siglo XX. También, para saborear la gastronomía más tradicional de Las Villuercas: no dude en saborear la morcilla de Guadalupe y el queso frito con miel de Las Ibores. Le vendrá bien para retornar a Villanueva de la Serena pedaleando.

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Interior de la mina Constanza, en Logrosán. Foto: EXTREMADURA TURISMO.

 
 
Una etapa de montaña
La tercera jornada de este itinerario por las Vías Verdes de Extremadura se salta la propuesta del Parque Natural de Monfragüe para llegar hasta Casas del Monte, en el corazón del Ambroz. Hasta Hervás se creó una línea que conectaba con Plasencia a finales del siglo XIX, y que se vio ampliada con el fin de conectar Madrid, Cáceres y Portugal con el oeste de la Península Ibérica. Un trazado que unió el norte extremeño con Astorga y que jugó un papel crucial durante la Guerra Civil como herramienta logística de los sublevados hasta que el abandono y la desidia le llevó a un cierre a todos los tráficos en 1996.  
 
Su reciente creación lleva a considerar esta vía verde como una de las interesantes, y es que es la línea que más y mejor conserva los elementos del antiguo ferrocarril. A lo largo de 42 kilómetros, el cicloturista podrá encontrar semáforos, señalización, cambios de aguja y hasta tres estaciones en perfecto estado de conservación, rehabilitadas para ofrecer servicios turísticos.

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Ciclista recorriendo la vía verde de la Ruta de la Plata. Foto: VÍAS VERDES.

Para iniciar su recorrido hay que desplazarse hasta el kilómetro 447 de la N-630, de donde parte un camino asfaltado que conduce hasta el límite municipal de Casas del Monte. A escasos metros, un camino de tierra a la derecha se cruzará con la vía, que iniciará la vía acondicionada a unos 300 metros. Justo aquí comienza una ligera subida, tónica general de este trazado que llegará a alcanzar los 923 msnm en el Puerto de Béjar. Pedalee hasta alcanzar la antigua estación de Casas del Monte, y de ahí, entre trincheras horadadas por el ferrocarril, al puente de la Garganta Ancha. Un bosque de encinas y alcornoques da la bienvenida a Segura de Toro, un pequeño municipio que se puede ver a lo lejos en la sierra de las Cruces Altas y cuya postal más mítica es el toro de época prerromana que adorna la plaza del pueblo.
 
Tras cruzar el arroyo de Montesinos, se llega a la antigua estación de Aldeanueva del Camino, donde la vía comienza a virar hacia el este para salvar el arroyo Romanillo y comenzar a notar cambios en el paisaje. Los robles y melojos se dejan ver entre trincheras excavadas por el ferrocarril en mitad de la sierra. Bajo esta guisa se llega hasta Hervás, la capital del Ambroz, a y la primera de las tres estaciones rehabilitadas con usos turísticos (hoy es un albergue con servicio de cafetería y alquiler de bicicletas).
 
En el kilómetro 16 se localiza una de las grandes obras de este antiguo ferrocarril, el conocido puente de hierro. Se trata de un imponente viaducto sobre el río Ambroz que alcanza los 110 metros de longitud y regala unas imponentes vistas de la judería de Hervás. Le costará apartar la vista de la panorámica para continuar entre casas de campo y zonas de pasto, cruzar la EX 205 y el río Balozano y seguir ascendiendo hacia el embalse de Baños, situado en el kilómetro 20. La estación de Baños de Montemayor, recuperada pero aún sin un nuevo uso, será el siguiente hito del trazado. De ahí proseguirá por una zona de bosque de hoja caduca que tapiza las estribaciones de la sierra de Béjar, y que se vuelve especialmente bella durante los meses de otoño.

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La vía verde Ruta de la Plata tiene un ascenso continuo hasta Béjar. Foto: VÍAS VERDES.

Tras cruzar el río Garganta por una flamante pasarela, la vía se interna en el primer túnel de la ruta, de unos 200 metros y perfectamente acondicionado e iluminado. Nada más salir, la provincia de Salamanca y la estación del Puerto de Béjar saludarán al cicloturista en el kilómetro 27,5. A partir de aquí comienza un ligero ascenso que transcurre por la localidad de Cantagallo para llegar hasta Béjar, a 923 msnm. En este paraje encontrará la localización perfecta para, como todo ciclo-instagrammer, inmortalizar el momento con una fotografía con su bici a cuestas y así, celebrar su conquista de las vías verdes de Extremadura.

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El tramo de vía verde Ruta de la Plata es el mejor conservado. Foto: VÍAS VERDES.

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