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24 may 2019
RAYANOS

HISTORIA

Los apellidos "hijo de" Portugal

Cuenta la historia de la Casa de la Misericordia de Olivenza que existe un vínculo entre los sobrenombres relacionados con oficios y la orfandad de su poseedores

Por Esmeralda Torres

16 mayo 2019

Si se pregunta por alguna peculiaridad de los apellidos portugueses no serán pocos los españoles que respondan argumentando el orden de los mismos: primero el de la madre y después el del padre para utilizar siempre el segundo. Pero ésta no es su singularidad más curiosa. Y es que no son pocos los lusos que toman el sobrenombre de la profesión a la que se dedican como si de un patronímico se tratase, dejando entrever que se trata de un huérfano “hijo de” Portugal.

“En su inmensa mayoría, los apellidos relacionados con las profesiones son de niños que fueron abandonados al nacer”, explica Miguel Ángel Vallecillo, investigador y director del Museo Etnográfico de Olivenza. En esta localidad, y a lo largo de toda la Raya, se distinguen apellidos que mucho tienen que ver con el término portugués que define un oficio o profesión. Véase el ejemplo de Ferreira - ferreiro (herrero), Oliveira - olivero (persona dedicada al cultivo de olivos) o Pereira - pereira (persona dedicada al cultivo de perales). También, como nota, el de Chaves - chave (llave).

Se trata de una fórmula patronímica extendida en Olivenza durante los tiempos de dominio portugués, cuando la Casa de la Misericordia era regentado por hermanas de la caridad y su torno era cuna de los hijos de aquellas familias que no tenían medios para mantenerlos. “Los portugueses no abandonaban a los niños,” - puntualiza Vallecillo - “quienes lo hacían eran de los pueblos vecinos de España: Alconchel, Villanueva del Fresno y, sobre todo, Valverde del Fresno”. El investigador explica que acudían de noche, para que nadie les viera, y que depositaban al bebé antes de darle la vuelta al torno. “Era una de obra de caridad lo que hacían las monjas: lo recogían y le bautizaban”, continúa. En este punto, el director del Etnográfico resalta que para celebrar el santo sacramento primero miraban el santoral. “Imagínate que lo abandonaban el día de San Juan, pues le ponían Juan o Juana según fuese niño o niña”.

Las hermanas se hacían cargo del huérfano durante siete años. Una vez que alcanzaba esta edad le buscaban un oficio que aprender y al que dedicarse el resto de su vida, y que le diera nombre - e identidad- para siempre. El primer apellido, materno e inusual, siempre fue Expósito mientras que el segundo se lo daba su profesión.

Así, se mantienen apellidos como Ferreira, Oliveira o Chaves - entre otros muchos - creando una geanología que en algún escalón queda difusa, sustituyendo un nombre propio por un “hijo de” Portugal.

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