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22 jul 2019
RAYANOS

LA RECETA VERDE QUE COCINAN VOLUNTARIOS DE TODO EL MUNDO

Las Huertas del Abrilongo, un ecoturismo para comérselo

Esta marca produce una gran variedad de verduras y hortalizas en un proyecto de recuperación de los cultivos tradicionales

Por Esmeralda Torres

26 junio 2019

“Cuando sales de La Codosera es cuando realmente te das cuenta del enorme potencial que hay aquí y que en pocos sitios se encuentran: las tierras que tiene y la gran cantidad de agua que tiene”. Éste fue el detonante que llevó la mirada de Javier Piris, vecino de la localidad rayana, a unas viejas huertas abandonadas, y el germen de una empresa comprometida con el medio ambiente y el ecoturismo: las Huertas del Abrilongo.

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Productos de la huerta. Foto: HUERTAS DEL ABRILONGO.

Javier Piris ha crecido en La Codosera, viendo florecer las huertas que crecían y alimentaban el paraje del río Abrilongo. Este arroyo separa España de Portugal al mismo tiempo que une ambos territorios. “Justo ahí, en plena frontera, es donde está la huerta”, detalla el gerente. Se trata de una mínima parte de la finca a la que da nombre esta empresa, dedicada al ecoturismo y la producción sostenible. Una hectárea donde se asientan bancales permanentes en los que crecen diferentes verduras y hortalizas “de calidad”, como él mismo define. “La agricultura ecológica es un rasgo que hace que el producto sea bueno, pero no es el único. Tiene que tener otras características como buena presencia, buen sabor”. Alude a tomates que “saben como antes” y otros alimentos de temporada como - en estas semanas - frambuesas, remolachas, repollos, calabacines o pimientos que conquistan los paladares más comprometidos. “Aunque un producto de calidad, lógicamente, nunca podrá ser un producto con veneno”.

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Cultivos en las huertas. Foto: HUERTAS DEL ABRILONGO.

Probar estos productos no es una tarea difícil. Desde hace algo más de dos años, Huertas del Abrilongo comercializa paquetes de verduras y hortalizas de temporada que se dispensan en cestas. “La gente puede pedir una cuando quiera, de manera puntual, o suscribirse, y nosotros le preparamos una cesta con los productos que nos da la huerta esa semana”, anota Piris. Un sistema que se consolida buscando la eficiencia y la diversificación de cultivos, y es que desde que se crease las Huertas del Abrilongo en 2008, la marca no ha parado de afianzarse. “La idea con la que estoy ahora es con la de crear un bosque mediterráneo en el que ni siquiera se le saque la corcha al alcornoque”, confiesa el hombre. Se trata de un proyecto que ya está tomando forma en la parte más extensa de la finca, un terreno con más de veinte hectáreas localizado en la zona de sierra de São Mamede que pretende dar a conocer la riqueza y particularidades de este monte. “Después, en la zona de transición me gustaría crear un bosque comestible, que será una mezcla entre bosque mediterráneo y árboles frutales”, añade desvelando algunas variedades de madroños y encinos.

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Cesta semanal. Foto: HUERTAS DEL ABRILONGO.
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Alimentos de la cesta. Foto: HUERTAS DEL ABRILONGO.

Un voluntariado mundial

La demanda de los productos cultivados en las Huertas del Abrilongo es amplia. La exquisitez de sus productos es el principal reclamo. Pero, ¿y el secreto? “La fertilidad de la tierra”, asevera. “No labrar la tierra, porque labrarla sería lo peor que haríamos: destruiríamos el ecosistema y la cura del suelo, y las plantas no se desarrollarían igual”. El gerente también añade la riqueza del agua que baña La Codosera y el acuífero que subyace bajo los cultivos. “Pero” - insiste - “lo fundamental es, sin duda alguna, la fertilidad del suelo”.

Esta puesta en valor no solo ha activado la economía deprimida del municipio rayano, situado a tan solo cuatro kilómetros de la frontera con el Alentejo portugués. También, ha suscitado el interés de voluntarios de todo el mundo y fomentado la práctica del ecoturismo. “Desde hace unos cuatro años recibimos a voluntarios llegados desde cualquier parte del mundo que, a cambio de alojamiento y comida, ayudan en las tareas de la huerta”. Llegan principalmente desde Centroeuropea - Alemania, Francia e Inglaterra -, e incluso desde Nueva Zelanda, Canadá, México o Taiwán, y buscan aprender y conseguir experiencia. “Al principio llegaba uno y después de un mes solo, recibía a otro o a alguna pareja, pero ahora muchas veces tenemos que decirle a la gente que estamos completos porque no tenemos capacidad para más de cinco o seis personas”, presume orgulloso. Y es que cada vez son más los que quieren disfrutar la experiencia de vivir, trabajar y soñar en verde.

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Voluntarios cultivando las huertas. Foto: HUERTAS DEL ABRILONGO.

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