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23 oct 2020
RAYANOS

TURISMO RURAL

El dolmen de Lácara, el más grande de Extremadura en un pueblo casi desconocido

La cámara funeraria se encuentra en la lista de las mayores y mejor conservadas del país

Por Esmeralda Torres

21 septiembre 2020

Extremadura esconde grandes tesoros que no siempre tienen el reconocimiento y protección que se merecen. Aún más si se encuentran en el mundo rural. Así lo demuestra la historia del dolmen de Guadalperal, el yacimiento megalítico que fue inundado a causa de la construcción del pantano de Valdecañas, y que ha tenido que esperar a que una sequía histórica le llevase a acaparar titulares darse a conocer de nuevo. O el dolmen de Lácara, uno de los más grandes, mejor conservados y más desconocidos del país.
 
Nuestros antepasados erigían cámaras funerarias como forma de expresar su autoridad sobre el terreno. Lo explica Javier Jiménez, arqueólogo de la Junta de Extremadura. “Es un acto de reafirmación de propiedad sobre el territorio: me entierro aquí como forma de reseñar dónde he vivido”. Una afirmación que puede parecer contradictoria si se tiene en cuenta, tal y como asevera el especialista, que el dolmen de Lácara no está asociado a ningún poblado. “Cerca quedan otros elementos como un alta rupestre y algunas tumbas excavadas en las rocas, pero no mucho más”, apunta. El motivo de ello puede ser la fecha del mismo, a finales del Neolítico (unos 3.000-4.000 años antes de Cristo). “Todo lo que podemos decir es puramente especulativo, los dólmenes son de un período en el que la humanidad está empezando a desarrollarse”, continúa. “Estamos al principio de la historia”.

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Dolmen de Lácara. Foto: NARCISO FUENTES.

El dolmen de Lácara se ubica a unos ocho kilómetros de La Nava de Santiago, en la carretera que llega hasta Aljucén. Un paisaje de dehesa de encinas entre el que es fácil ver afloramientos graníticos da la bienvenida a todo curioso que llega hasta él. Antes de comenzar su visita, Jiménez recomienda prestar atención al entorno, “un privilegio que no todos los dólmenes tienen”. Elevado sobre un pequeño cerro y próximo a varias corrientes de agua, destaca la conservación ambiental del paisaje. “Su localización goza de condiciones extraordinarias y de una belleza natural importante”.

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Dolmen de Lácara. Foto: NARCISO FUENTES.

También es interesante recordar las funciones del dolmen antes de adentrarse en él: “acoger los huesos de los difuntos al mismo tiempo que apropiarse del terreno de forma simbólica”. De ahí que, “mientras más grande sea el monumento, más monumentalizado estará”, dictamina el arqueólogo. Un dato que lleva a pensar en la importancia de esta cámara funeraria, cuyas dimensiones lo refuerzan. Con un largo corredor que roza los 2,5 metros de anchura y adentra en una cámara mortuoria de unos cinco metros de diámetro, asombra el buen estado de conservación de esta verdadera obra de ingeniería. Aún queda una de las grandes piedras que conformaban una cúpula que podría estar a unos cinco metros de altura, dando cuenta de la grandiosidad de la construcción. “Es el dolmen más grande de Extremadura”, recuerda el arqueólogo.
 

Una joya al descubierto
El yacimiento de Lácara se ha dejado ver siempre. “De hecho, en el siglo XIX se utilizó como cantera para extraer piedras como otros tantos monumentos de la Antigüedad”, lamenta. Pero fue entre la década de los 40 y los 50 del siglo pasado cuando se llevaron a cabo las primeras investigaciones científicas, lideradas por el reconocido arqueólogo Martín Almagro Bass. “Se llevaron a cabo las primeras excavaciones y se encontraron hachas de piedra, cuentas de collar y restos de huesos, pero todo muy revuelto porque había sido movido y excavado sin conocimientos”.

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Dolmen de Lácara. Foto: NARCISO FUENTES.

 Jiménez habla de la creencia popular de la existencia de tesoros, y asegura que no fueron pocos los que buscaron riquezas cerca de esta cámara funeraria. “Se encontró solo una pequeña parte de los ajuares del dolmen, como puntas de flecha”, y añade que fueron trasladados al Museo Arqueológico de Madrid atendiendo a la legislación vigente en la fecha. Cuando le preguntan al número de personas que pudo corresponder estos elementos, no sabe responder. “La cámara se violó y no conocemos ese dato, pero algunos monumentos llegaron a acoger hasta 300 cadáveres y éste podría ser el caso de Lácara”.
 
En el parque arqueológico en el que se localiza este dolmen también se distinguen otras figuras megalíticas. Son un altar rupestre y algunas tumbas excavadas en las rocas, “aunque éstas no se pueden visitar por encontrarse en fincas de ámbito privado”. Aún así, el arqueólogo recomienda la visita encarecidamente. “Es cierto que en Valencia de Alcántara, Valverde de Leganés o Barcarrota encontraremos rutas muy fáciles, pero la visita al dolmen de Lácara, con la dehesa y el paisaje que le rodea, puede ser de las más enriquecedoras”.  

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