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11 nov 2019
RAYANOS

GASTRONOMÍA

Los siete cafés más míticos de Portugal

Del Calcinha de Loulé al Majestic de Oporto pasando por A Brasileira do Chiado de Lisboa: un paseo por la historia hostelera lusas

Por Esmeralda Torres

05 noviembre 2019

Ya lo decía el periodista de viajes, Paco Nadal. “Solo conozco dos países en el mundo donde puedes pedir un café expreso, sea donde sea, y tienes un 99% de probabilidades de que esté bueno: en Italia y en Portugal”. Que el país vecino sea famoso por su bebida más apaxionada no es ninguna casualidad, y a ello ha contribuido mucho la tradición de sus cafés que se inició en el siglo XVII. Desde la barra de elegantes establecimientos, los portugueses se han desahogado durante generaciones, desde las medidas de Salazar a los recortes de la ‘troika’ pasando por la evolución del papel femenino en la sociedad lusa. “Las mujeres no tenían la entrada permitida hasta que Julia Wilson, una inglesa afincada en Portugal, se atrevió a entrar vestida con chaqueta y sombrero”, anota la feminista Cecilia Oliveira, directora del Centro de Ciência do Café.

Cuatro siglos después, un libro recopila los detalles más curiosos y anecdóticos de estos cafés como guía de algunos de los rincones confesores de los años más difíciles del país.

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A Brasileira, en Lisboa. Foto: RONIELO KINAADMAN.

1. A Brasileira do Chiado, en Lisboa. No son pocos los que aseguran que fue en este lugar donde se inventó la bica. Oliveira justifica esta creencia popular en que fue A Brasileira do Chiado el primer café en tener una máquina de expreso italiana, de la marca Simbali, que hacía llamar simbalino al innovador formato, “pero en Lisboa fueron más resistentes y colocaron un cartel en la entrada que decía ‘Beba Isto Com Azucar, de donde surgieron las siglas de BICA”.

Este café, inaugurado en 1905, fue bastante frecuentado por el reconocido Fernando Pessoa, que encontró inspiración en él para muchas de sus obras. De ahí que su estatua presida la entrada, en Rua Garrett, y que fotografiarse con ella sea, junto a probar la boca en este establecimiento, un “deber ver” dentro de los itinerarios turísticos lisboetas.

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Café Majestic, en Oporto. Foto: VÍTOR RIBEIRO.

2. Café Majestic, en Oporto. Entre las visitas obligadas en Oporto está, sin duda alguna, su Café Majestic. Ya sea desde la terraza observando el animado discurrir de los viandantes por la Rua de Santa Catarina, o contemplando el suntuoso decorado de su interior, saborear la bica portuguesa desde un establecimiento declarado Patrimonio Cultural forma parte del top ten de la ciudad. Y es que le costó sufrir un abandono durante 17 años para que el Gobierno luso pusiera en valor el café donde J. K. Rowling, creadora de Harry Potter, supuestamente escribió los primeros capítulos de la saga juvenil.

Abrió sus puertas en 1921 como ‘Elite’. Las crónicas recuerdan su inauguración como un gran acontecimiento al que acudieron las personalidades más destacadas del momento, y un año después sus dueños decidieron renombrarlo como Majestic, “más acorde al espíritu de sus insignes visitantes”. Durante estos cien años ha sufrido varias restauraciones, la última y más minuciosa en 1994, que le devolvió su antiguo esplendor a base de un toque suntuoso y el estilo art decó.

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Café Santa Cruz, en Coimbra. Foto: SERGÍO ZEIGER.

3. Café Santa Cruz, en Coimbra. Quizá la historia del Santa Cruz puede ser una de las más interesantes y es que pocos edificios han tenido tan diversos usos como este establecimiento de Coimbra. El que se construyese como iglesia parroquial allá por 1530 ha acogido un negocio de ferretería, una estación policial y otra de bomberos, y una funeraria entre una larga lista de funciones. De ahí que cuando se decidió abrir un café, la opinión más crítica lanzara dardos a la idea de aprovechar un edificio tan emblemático para abrir un establecimiento hostelero. Una controversia a la que se puso fin con la reforma de la fachada original, que constaba de un único portal y tres pequeñas aberturas en lo alto, para darle un aspecto marcadamente renacentista aderezado con una serie de bonitas vidrieras de colores. 

El Café Santa Cruz fue inaugurado el 8 de mayo del año 1923 como un guiño a su localización, en la céntrica plaza del mismo nombre.

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A Brasileira, en Braga. Foto: PAUL.

4. A Brasileira, en Braga. Si se cuenta que su propietario exigía a sus clientes usar corbatas para ingresar en el establecimiento, no cabe duda de que A Brasileira era punto de encuentro de las personalidades más importantes de la época. En el corazón del centro histórico, desde donde se puede observar el comienzo de la Avenida da Liberdade, abrió sus puertas en 1907 un café liderado por José Cerqueira Gomes. Y en cuya apertura mucho tuvieron que decir el arquitecto Manuel Marques y los hermanos Soares Barbosa, conocidos por su trabajo en el negocio de muebles.

Por entonces A Brasileira vendían café de Brasil y servía vinos con denominación de origen del Duero. Hoy aún se puede saborear la región norte del país en un establecimiento considerado punto de encuentro de lugareños y foráneos.

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Café Alentejano, en Portalegre. Foto: PETRUS.

5. Café Alentejano, en Portalegre. Hay un café en Portalegre que más que un café es un museo que recupera recuerdos. Es el Café Alentejano, el más mítico de la Raya que casi cien años años después permanece abierto en una región que poco ha notado el paso del tiempo.

El Alentejano fue diseñado por el pintor y decorador Benvindo Ceia, el artista más exitoso de Portalegre. Gran parte de su tiempo libre transcurría en el café, por lo que los gerentes sucesivos recurrieron a él para mantener el atractivo comercial que le caracterizó desde tiempos remotos. Históricamente los médicos y agricultores tomaban asiento en las butacas de la izquierda mientras que los trabajadores y funcionarios lo hacían en las del lado derecha, un dato que muchos investigadores han atribuido a una inversión de la connotación política. Después de todo, esta sala no era ni es un parlamento y sí un café que se resiste al paso del tiempo.

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Café Arcada, en Évora. Foto: RAYANOS MAGAZINE.

6. Café Arcada, en Évora. Las paredes del Café Arcada hoy aún callan los más reservados secretos de la alta burguesía de mediados del siglo XX mientras que contemplan como guiris y lugareños continúan, setenta años después, pidiendo queijadas para llevar.  El mítico café de Évora llama la atención de diestro y siniestro que pasea por la concurrida Praça do Giraldo por la curiosidad que despierta una tipografía elaborada a partir de aluminio maleable que en pocas recepciones aún sobrevive. Es la misma que anunció su apertura por el 14 de febrero de 1942, día en el que el proyecto de António Justino Mexia da Costa Square, Basilio da Costa Oliveira, Celestino Costa y António Borges Barreto - cuatro de los mayores comerciantes de Évora - viese la luz. Cuentan que aquella inauguración fue vista como un evento social de gran impacto en la vida diaria de la ciudad. Que se hizo oficial con una cena familiar en la que era requisito indispensable vestir de traje, e inscribirse de forma previa a través de un número de teléfono como garantía de poder ser selectivos con sus clientes.

Hoy sigue siendo uno de los establecimientos más recomendados por las guías turísticas, especialmente por la fama de sus ‘queijadas’, elaboradas a partir de una receta tradicional y de la manera más artesanal posible.

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Café Calcinha, en Loulé. Foto: CAFÉ CALCINHA.

7. Café Calcinha, en Loulé. Como una réplica del Café Central de Río de Janeiro, el Calcinha abrió sus puertas en Loulé allá por 1927. Su nombre real también era Central pero el apodo de su propietario, José Domingos Cavaco, le dio el nombre con el que se le conoce más allá del Algarve. El establecimiento reproducía fielmente aquel cosmopolitismo que comenzó a surgir bajo la influencia de la Belle Époque, algo a lo que contribuyó los primeros billares que llegaron al sur del país. Inicialmente fue frecuentado por una clientela selecta pero, con el paso del tiempo, se abrió a público más popular llegado a tener una distribución curiosa. Los más ricos solían sentarse en la parte de la derecha mientras que los pobres lo hacían a la izquierda.

Uno de los nombres que más han impulsado la notoriedad del Calcinha fue el de Antonio Aleixo, uno de los principales literatos del Alentejo. El humilde poeta, nacido en Vila Real de Santo António, fue pastor y vendedor de lotería en la ciudad de Loulé, por lo que pasó algunos ratos en un café que hoy cuenta con una estatua del artista a sus puertas.

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